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Para quienes lo practican, este deporte tiene raíces profundas en la historia de la humanidad.

El nuevo deporte para escapar del ruido urbano: trepar árboles

El nuevo deporte para escapar del ruido urbano: trepar árboles

Los trepadores recreativos disfrutan de la paz y la tranquilidad que encuentran en las copas de los árboles. Conforme el hobby gana adeptos, esperan que más ciudades le permitan prosperar.

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Para quienes lo practican, este deporte tiene raíces profundas en la historia de la humanidad.

En una hamaca especial casi a 50 pies de altura, Tim Kovar se recostó y se relajó. Rodeado de hojas verdes y aves, el único indicio de que estaba en el centro de Atlanta era el sonido de los autos en la distancia. Eso no le importó. Simplemente se imaginó que era un arroyo.

Kovar es una especie de erudito del arte de trepar árboles. Ha viajado por el mundo en busca de árboles para trepar y ya lo ha hecho en 18 países y 49 estados de EEUU (planea tachar pronto Alaska de su lista). Este instructor de trepa árbol a tiempo completo de Oregon City, Oregon, es parte de un grupo internacional de aventureros que explora esta capa inexplorada de nuestras ciudades.

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No hace mucho, la técnica de trepar árboles estaba limitada solo a arboristas locales e investigadores del follaje en selvas remotas. Pero los trepadores recreativos dicen que eso está comenzando a cambiar, pues cada vez más personas se apuntan en cursos instructivos para aprender a trepar.

No es tan simple como subirse a una rama y trepar hasta la copa. Para hacerlo de forma correcta (y segura) se necesitan cuerdas, sillas y el conocimiento técnico que se aprende mejor de los profesionales. A partir de ese momento, no se requiere mucho tiempo para conectarse con la naturaleza, encontrar la paz y tener algunas aventuras, todo dentro de los límites de la ciudad.

"Algunas personas conducen durante horas o días solo para escalar rocas", dice Kovar. "Pero los árboles están por todas partes".

Kovar ha trepado en ciudades desde San Francisco y Portland hasta Nueva York. El árbol más alto que trepó fue una secoya costera de 350 pies de altura (más de 100 metros) y ha escalado el quinto árbol más grande del mundo árbol (por volumen): una secoya gigante . Típicamente pasa desde 15 minutos hasta 15 horas en un árbol, incluyendo varias noches cada año con la ayuda de una hamaca especial. Allí descubre un mundo de pájaros, pequeños mamíferos e insectos conviviendo con los seres humanos en la jungla urbana. Cada viaje es un importante recordatorio de que la ciudad se compone de algo más que edificios, calles y centros comerciales. "Es encontrar la paz allá arriba", dice.

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La sensación de calma es sólo uno de los muchos beneficios que los árboles aportan a las ciudades. Ayudan a mejorar la calidad del aire urbano, reducir el efecto isla de calor, reducir la obesidad, y mejorar la salud mental. Pueden ahorrarles a las megaciudades millones de dólares cada año e incluso pueden considerarse una parte vital de la infraestructura de salud pública.

Muchas ciudades están adoptando estas ventajas de modo considerable. El programa de reverdecimiento de Barcelona duplicará el número de árboles en la ciudad y agregará más de 400 acres de áreas verdes en 2030. En la ciudad de Nueva York, una iniciativa público-privada denominada MillionTreesNYC plantó más de un millón de árboles en los cinco distritos. Este programa que inició en 2007 tardó ocho años en alcanzar su objetivo y expandió el bosque urbano de la ciudad en casi un 20%.

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Los trepadores dicen que se puede aprender mucho acerca de una ciudad por la forma en que trata sus árboles. Al trepar, Kovar puede determinar si una ciudad se enorgullece de sus árboles; Atlanta y Portland son excelentes ejemplos de zonas urbanas con árboles centenarios que reciben atención adecuada. Otras ciudades, no tanto.

"Vas a algunos de los suburbios donde han talado todos los árboles y luego les han puesto a las calles los nombres de los árboles: está la calle Elm (olmo), la calle Walnut (nogal), pero allí ya no quedan nogales", dice Kovar. "Hay una discrepancia".

Cuando busca un árbol para trepar en un parque público, Danny Lyons, un instructor de escalada recreativa en Gainesville, Florida, se puede dar cuenta de cuánto una ciudad se preocupa por sus árboles. Observa si las personas están utilizando el parque, si está seguro o sombreado, si es accesible o de difícil acceso, y si es natural o excesivamente desarrollado. "Realmente puedes ver cuáles son los valores de la comunidad si miras sus parques públicos", dice.

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A menudo, el hecho de si se permite o no trepar los árboles cae en un área gris en términos legales. Kovar dice que normalmente no hay leyes específicas contra ello, pero que, si no actúa sigilosamente, las autoridades suelen venir y pedirle que baje porque lo ven como un riesgo.

Los trepadores sostienen que, si se hace correctamente, la actividad es más segura que la mayoría de los deportes. Kovar dice que lo más difícil es colocar las líneas: eso incluye poner un saco compensado al extremo de una línea y lanzarlo sobre una rama. Se utiliza una honda o un arco compuesto para los árboles altos. Después de colocarse en una silla, un trepador puede usar varias técnicas diferentes para subir la cuerda. Los materiales necesarios y adecuados no son baratos: incluso los equipos básicos pueden costar alrededor de 600 dólares, dice Kovar.

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Las raíces del trepa árbol recreativo pueden rastrearse hasta Peter Jenkins. El arborista de Atlanta pensaba que, si ya existían escuelas de escalada en roca, ¿por qué no enseñar a trepar árboles por diversión? Así que, en 1983, fundó Tree Climbers International (TCI), una organización con una misión para promover la actividad como algo seguro y apto para personas de todas las edades.

"No tienes que ser una super mujer para trepar un árbol".


TCI planea eventos de trepa de árboles, opera una tienda en línea y alberga un activo foro en internet, con cerca de 1,400 usuarios registrados. La organización ofrece varios cursos para aprender a trepar árboles que van desde conceptos básicos hasta clases para aquéllos que quieren enseñar a otros. Ahora hay escuelas alrededor del mundo con profesores que han recibido la extensa capacitación de TCI. La directora ejecutiva de TCI, Patty Jenkins, dice que nunca ha habido noticias de muertes o lesiones graves entre personas que utilizan los métodos de trepa que enseña la escuela.

Lyons utilizó este historial de seguridad para convencer a la ciudad de Gainesville y al Condado de Alachua de que permitieran que la escuela de trepa de árboles ofreciera cursos legalmente en sus parques. Es el único lugar de Estados Unidos donde él cree que se hace algo así.

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"Muchas de las ciudades de todo el país… están preocupadas por las cuestiones de gestión de riesgos, y yo pude mostrar y demostrar que trepar árboles es más seguro que cualquier otra de las actividades que se permiten en los parques, incluyendo el patinaje, el baloncesto, el fútbol y el sóftbol", dice.

Le tomó seis meses obtener el permiso de la ciudad y en 2012 firmó un contrato. Tres años más tarde llegó a un acuerdo con el Condado de Alachua. Sus contratos con la ciudad y el condado les permiten a él y a sus estudiantes de pago trepar en parques públicos. A cambio, un 10% de sus ingresos se destinan al embellecimiento y al mantenimiento de los parques donde trepa. Lyons ha compartido su propuesta con otros trepadores y tiene esperanzas de poder lograr lo mismo en otros lugares. Chris Barkman, un arborista e instructor de Winnipeg, Canadá, dice que espera poder hacer lo mismo en su ciudad.

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Jenkins dice que este deporte no solo es seguro, sino que cualquiera puede hacerlo. Ella tuvo polio cuando era una niña y usa muletas para caminar, pero aun así subió siendo adulta. "La gente ve las cuerdas y las sillas, y se pregunta si se requiere mucha fuerza", dice ella. "No se requiere. No tienes que ser una súper mujer para trepar un árbol. Así que cuando digo que cualquiera puede hacerlo, es porque se puede. Hemos subido niños de cinco años a los árboles".

Además de velar por su propia seguridad, los trepadores también toman medidas para evitar que se maltraten los árboles. Eso incluye la utilización de una funda que reduce la fricción de la cuerda y protege la corteza del árbol. En 2014, la compañía de Lyons, Canopy Climbers, recibió un premio de empresa verde por parte de la ciudad de Gainesville para sus prácticas de escalada sostenible.

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Lyons se interesó en el trepa árbol hace unos 10 años, después de leer un libro llamado Wild Trees: A Story of Passion and Daring, de Richard Preston. El libro trata sobre un grupo de botánicos y naturalistas aficionados que trepan los árboles gigantes del norte de California. Lyons quiso hacer lo mismo. Se compró unas cuantas copias del libro y se las dio a sus amigos con la esperanza de que quisieran unirse a él en sus aventuras en el follaje. Dos de esos amigos aún trepan con Lyons actualmente. La mayoría de sus ascensiones son con amigos, pero también disfruta de hacerlo en solitario. Pasa de dos a cuatro horas en un árbol en una ascensión estándar y hasta 12 horas cuando trepa en las noches.

"Es muy hermoso despertarse cuando el sol está por llegar, y hay pájaros cantando a tu alrededor; sobre ti, a la derecha, a la izquierda, abajo", dice él. "Es realmente una experiencia increíble".

Para Kovar, también es una experiencia profundamente humana. "Creo que estar en las copas de los árboles es algo que está profundamente arraigado en nuestro ADN", dice. "Yo creo que, en un momento dado, muchas lunas atrás, recurrimos a los árboles en busca de seguridad. Nos subíamos a los árboles para protegernos de los depredadores en el suelo. Así que hay algo profundamente arraigado dentro de nosotros, y cuando vuelvo a estar en los árboles ahora con cuerdas y sillas, allá arriba me embarga una especie de instinto primordial".

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Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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